El dolor músculo esquelético es el síntoma principal y más debilitante de la fibromialgia, una enfermedad que padece hasta un 3% de la población, en su mayoría mujeres en la edad media de la vida. Pero no es el único síntoma, hay un conjunto de ellos, comunes a la mayoría de los pacientes, como cansancio que aparece con facilidad después de realizar actividades habituales de la vida diaria, alteraciones del sueño que contribuyen a aumentar el cansancio crónico de estos pacientes, ansiedad y depresión. Existen otros síntomas asociados, pero su importancia es diferente dependiendo de cada caso.

No es una enfermedad psiquiátrica, aunque la ansiedad y diferentes grados de depresión juegan un papel importante en las manifestaciones clínicas de estos pacientes. Tampoco se conoce su causa, pero se van descubriendo los mecanismos que intervienen en este proceso. Así, por ejemplo, se ha descrito una alteración en los mecanismos de percepción del dolor producida por distintas alteraciones de los neurotrasmisores que podrían explicar en parte este cuadro. Incluso algunas técnicas de imagen están consiguiendo "ver" el dolor de estos pacientes.

El diagnóstico es clínico: dolor crónico generalizado, músculo esquelético, por más de tres meses en todo el cuerpo, tener al menos 11 de los 18 puntos dolorosos identificados (cuello, nuca, hombros, rodilla, brazos...) El Síndrome de fatiga crónica, a diferencia de la fibromialgia, no es un cuadro eminentemente doloroso sino que se caracteriza por una debilidad sin causa orgánica. Se trata de un cansancio crónico, que no se soluciona con el reposo y que es lo suficientemente grave como para reducir a la mitad su capacidad para participar en las actividades diarias. Salir de la cama, ducharse, salir a la calle... todo requiere un gran esfuerzo que se traduce en un cansancio generalizado.

Es frecuente que estos pacientes tengan también migrañas, dolores de articulaciones, alteraciones del sueño, cefaleas, dolores articulares, irritabilidad, confusión, incapacidad para la concentración, depresión y otros síntomas, y se calcula que un 70% de ellos cumplen criterios de fibromialgia. También es frecuente en mujeres jóvenes y su origen es desconocido, algunos estudios sugieren que ocurre con más frecuencia entre personas con poca actividad o que no realizan ejercicio. Hay otros estudios que sugieren que en el 85% de los casos el desencadenante de que aparezca la fatiga crónica es un proceso gripal o una neumonía. Es un proceso poco reconocido, incluso por los propios médicos, según los afectados, a pesar de ser una enfermedad reconocida por la OMS.

El ejercicio ofrece buenos resultados

Desde hace tiempo en el tratamiento de la fibromialgia y del síndrome de fatiga crónica se están utilizado fármacos analgésicos, antinflamatorios, relajantes musculares, ansiolíticos y antidepresivos. Pero los resultados a largo plazo no han sido todo lo bueno que cabría esperarse, como lo demuestra el hecho de que en un gran porcentaje de los casos el cuadro clínico permanece invariable después de varios años de evolución a pesar de los tratamientos utilizados.

Estos pobres resultados con los tratamientos farmacológicos han llevado a explorar otras posibilidades terapéuticas basadas en ejercicio físico. Estos pobres resultados con los tratamientos farmacológicos han llevado a explorar otras posibilidades terapéuticas y, entre otras medidas, desde hace algunos años se han empezado a utilizar terapias basadas en ejercicio físico para el tratamiento de estos pacientes.

En varios ensayos clínicos se ha podido constatar que la mejora del estado de forma física en pacientes con fibromialgia se acompaña de una mejoría en muchas de sus manifestaciones clínicas, disminuye el dolor, que alcanza un grado más bajo de intensidad y se acompaña de un número menor de puntos dolorosos; también tiene beneficio sobre la calidad del sueño, con un menor grado de cansancio y de rigidez; los síntomas de ansiedad y las manifestaciones clínicas depresivas también se suavizan de manera significativa en los pacientes sometidos a programas de entrenamiento físico. Todo ello se traduce en líneas generales en una mayor capacidad funcional, en una disminución de las dificultades para el desarrollo de las actividades de la vida diaria y una percepción de la calidad de vida superior a la que tenían antes de realizar el tratamiento.

Un reciente estudio, realizado por la Universidad de Extremadura y la Universidad de Évora (Portugal), señalaba las ventajas de la natación en estos pacientes. Durante ocho meses realizaron ejercicios en agua templada durante más de una hora tres veces por semana, apreciándose una mejoría en el dolor y en la calidad de vida.

Señalan los especialistas que antes de comenzar un programa de actividad física hay que tener presente el pésimo estado en el que se encuentran estos pacientes. Tienen menos fuerza muscular, menor resistencia a la fatiga muscular, menos capacidad para realizar ejercicio aeróbico, y unos índices mayores de fatiga percibida después de realizar un ejercicio físico determinado, por lo que un comienzo demasiado brusco del ejercicio físico puede producir un agravamiento de sus manifestaciones clínicas, fundamentalmente dolor y cansancio, que conducen con frecuencia a un abandono prematuro del tratamiento. Ello obliga a que en los programas de ejercicio físico el comienzo sea lo más paulatino posible y nunca incorporando al paciente a un grupo de tratamiento ya establecido con otras personas que tienen ya un cierto estado de forma.

Se ha observado también que la mejoría que ofrece el ejercicio físico no se mantiene en el tiempo si se deja de practicar, desaparece paulatinamente una vez que ha finalizado.

Enlaces relacionados:

Asociaciones españolas de fibromialgia: http://fibromialgia.umh.es/Enlac/asoc.htm

Asociación Catalana de afectados de fibromialgia: http://www.fibromialgia-cat.org/

Asociación de fibromialgia de la Comunidad de Madrid: http://www.afibrom.org/qcd932/

En esta página se pueden descargar algunos documentos sobre fibromialgia: http://www.medicinainformacion.com/fibromialgia_libros.htm

Fuente: Observatorio de Salud y Mujer
Marzo 2008