
«La investigación es una petición constante de los pacientes,
sobre todo de aquellos que padecen las que se denominan enfermedades raras, a las que la industria farmacéutica no presta una debida atención. Para este ministro serán una prioridad». Empieza fuerte. Bernat Soria se estrenó ayer como ministro de Sanidad lanzando un mensaje con dos direcciones: su primera cita es para los enfermos y su primera crítica para la industria.
Igual fue sólo la onda expansiva que le han dejado tantos años como investigador acostumbrado a denunciar los criterios economicistas de los laboratorios. Pero, sea como fuere, el nuevo ministro decidió ayer soltar una frase que suena a advertencia a la misma patronal que ni siquiera hace un par de meses planteó a su antecesora, Elena Salgado, un «chantaje» (en palabras del director del Instituto de Salud Carlos III, Francisco García): la industria destinará 300 millones de euros sólo si el Gobierno retira la actual protección a los medicamentos genéricos.
La frase de Soria la oyeron in situ representantes de 13 colectivos de pacientes. Gente que pulsa los desvelos de los enfermos crónicos, y los mentales; los discapacitados; los que tienen cáncer, Alzheimer, diabetes, Parkinson, espina bífida, autismo, y los celiacos. Detrás de la veintena de directivos de esas asociaciones laten millones de personas, algunos cientos de miles de las cuales no ven avanzar a la ciencia en su nombre porque sus males no son rentables.«Vamos a construir alianzas estables para que los enfermos supongan un estímulo de las políticas públicas», les dijo Bernat Soria por la mañana con una sonrisa que el cargo aún no le ha quitado de la cara. Por la tarde, todavía con la mueca de concordia en la cara, insistió en la idea de apostar por los ciudadanos: «Yo, mucho antes de ser ministro, incluso antes de que se conociera que había un investigador llamado Bernat Soria, ya estaba trabajando con pacientes. Y así continuaré haciéndolo de ministro y también cuando deje de serlo». Lo aseguró antes de presidir su primer Consejo Interterritorial de Salud, el máximo órgano de cooperación entre los gobiernos central y autonómicos en materia sanitaria, una extremadamente cordial reunión en la que también era novata casi una decena de consejeros y que sirvió para conocerse los unos a los otros, más que para polemizar.«Yo le veo muy dialogante, con mucha capacidad para trabajar en cohesión», le tiraba flores al ministro el consejero repetidor de Castilla-La Mancha, el socialista Roberto Sabrido. Más receloso se mostraba el valenciano popular Manuel Cervera: «La financiación sanitaria y la falta de profesionales son los asuntos que más nos preocupan. Si el ministro se dedica a ellos estaremos encantados de colaborar con él». Y, con ironía, el madrileño Juan José Güemes (PP): «Me conformo con que haga la labor de coordinación que no hizo Salgado». Pero, en general, todos coincidieron al concluir la reunión que Soria se había mostrado «amable», «conciliador» y «con talante». Los últimos datos sobre las listas de espera quirúrgica -el tiempo medio ha pasado de los 82 días registrados en 2005 a 70- centraron el Consejo. También se trató el siempre peliagudo asunto de la distribución de los fondos para formar a los médicos en el uso racional de los medicamentos. Tradicionalmente, estos fondos los ha dado la industria farmacéutica en función de sus ventas, pero algunas comunidades autónomas han denunciado que su cuantía está bajando. Soria anunció, en este sentido, la aportación de una inyección de 38 millones de euros. Otro de los puntos abordados fue la Sanidad en línea, un proyecto por el que un ciudadano, por ejemplo de Madrid, que se traslade a Valencia tendrá en los centros sanitarios de esa ciudad todos sus datos clínicos. La sesión de ayer estuvo armonizada por los pitidos y las sirenas de más de 600 técnicos sanitarios (según la Policía) que, convocados por CCOO, pidieron a Soria los cambios en la formación de Enfermería que ya le exigieron, sin éxito, a Salgado.
Fuente: El Mundo, 19/julio/2007

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