El Ministerio de Sanidad ha decidido poner en el mercado la vacuna contra el virus del papiloma, la causa de los cánceres de cuello de útero. En el primer Consejo de Ministros del nuevo titular del departamento, Bernat Soria, se ha decidido desempolvar un tratamiento que hacía más de medio año que había recibido el visto bueno técnico, pero al que faltaba la autorización para su comercialización. Con la decisión de ayer comienza un proceso que se espera que termine a primeros del año que viene.
Tras el visto bueno del Ministerio de Sanidad a la comercialización de la vacuna, ésta debe pasar por tres pasos importantes: la fijación de un precio -competencia del Ministerio de Sanidad-; decidir si la financia el sistema sanitario público -también decisión del Ministerio, aunque después de escuchar a las comunidades autónomas-, y fijar si esta vacuna se incluye en el calendario común para todos los niños y adolescentes del país, lo que debe determinarse en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, el órgano en el que están representados el ministerio y las consejerías de salud.
El cáncer de cuello de útero es uno de los escasos tumores de los que está certificado que su causa es un virus. La vacuna es preventiva, lo que quiere decir que debe suministrarse a niñas antes de que tengan relaciones sexuales, ya que la vía de transmisión del virus es la genital.
La vacuna -de la que hay dos en el mercado- protege sólo contra algunos de los más de 100 virus del papiloma existentes (cuatro tipos en el producto de un laboratorio y dos en otro), aunque son las cepas que más cánceres provocan (el 70%). Éste ha sido uno de los argumentos utilizados hasta ahora por quienes creían que no era urgente su utilización: aunque una niña se vacune a los 12 años, por ejemplo, ello no las protege al 100% de posibles infecciones. Los críticos afirman que, de hecho, la idea de que se disfruta de una mayor protección puede hacer que las adolescentes bajen la guardia, lo que, aparte de permitir que el virus se transmita, puede ser vía para otras enfermedades de transmisión sexual.
Fuente: El País, 27 de agosto de 2007.