EL MILAGRO DEL MOTORISTA TOZUDO

A Diego le dijeron que no volvería a andar tras un accidente. Cinco años después, ya conduce.
El médico entró en la habitación del hospital, se sacó una nuez del bolsillo, la hizo añicos con un martillo y se la plantó delante de sus narices: "Mira chaval, esto son tus tobillos. Te vas a pasar la vida en una silla de ruedas". Diego Ariel Ale acababa de sufrir un accidente de moto que le destrozó las extremidades inferiores y la columna, y se derrumbó. Si hubiera podido levantarse de la cama, probablemente habría llegado a las manos con aquel doctor "tan cabrón". Cinco años después, a punto de cumplir la treintena, Diego se conformaría con demostrarle que se equivocaba. Que no sólo ha vuelto a andar, sino que su minusvalía no le ha impedido retomar su verdadera pasión: montar en moto.
Diego salvó la vida porque llevaba puesto el casco y porque los médicos que le atendieron, seis en total, le operaron a tiempo. Pero se convirtió en uno de los 1.500 lesionados medulares que se producen al año en España. Y los doctores le dijeron que no volvería a caminar. Por eso sólo guarda buen recuerdo de uno de ellos, el que le intervino de la espalda. Fue el único que decidió enviarlo de Málaga a Toledo, al Hospital Nacional de Parapléjicos. Un centro especialmente preparado para rehabilitar a los lesionados medulares. Y repleto de chavales como Diego, de jóvenes que se quedan parapléjicos tras estrellarse en la carretera. El 40% de los pacientes ingresa en el hospital por culpa de un accidente de tráfico. Una de cada tres víctimas son motoristas.
Cinco años después del accidente, Diego presume de que su cuerpo sigue evolucionando. Conserva una discapacidad del 80%, pero eso no le impide andar, aunque arrastre una leve cojera. Ni surcar las carreteras con total normalidad a bordo de su nueva adquisición, una preciosa Hyosung, estilo chopper, equipada con un motor Suzuki de 250cc. "Cuando veía una moto por la calle, se me saltaba el corazón. Pensaba que tenía que comprarme una como sea, porque no me sentía completo". Ahora dice que es feliz, que ha recuperado su personalidad y que la moto ha disparado su estado de ánimo. Cuando se siente decaído, sale a dar una vuelta y se le curan todos los males Lo disfruta el doble, dice, porque llegó a pensar que no podría volver a hacerlo.
Diego no se olvida de otras épocas más oscuras. Como cuando salió del hospital y se dio cuenta de que su vida ya no sería la misma. Aún se movía en silla de ruedas y no encontraba trabajo. "Llegas a pensar que es mejor estar muerto. De hecho, intenté suicidarme dos veces", admite. Logró superarlo "estudiando y buscando un empleo". Al final regresó al hospital, no como paciente, sino como vendedor de cupones. Un día, el gerente intentó comprarle uno. Quedó tan impresionado por la labia de Diego -parlanchín hasta la extenuación- que le propuso trabajar para la fundación del hospital. Comenzó colaborando en la radio y la revista que edita el centro. Pero su tarea fundamental era otra: mostrar a los pacientes hasta dónde puede llegar la rehabilitación de un lesionado medular. "Mi cometido consistía en dar esperanzas. Cuando me veían, les daba un subidón".
Desde hace meses, ya no trabaja en el hospital, sino en una imprenta de la fundación. De diseñador gráfico, que es lo que le gusta. Eso sí, nadie se ha olvidado de él. Cuando le ven aparecer en el parque del centro sanitario, se le acercan y lo saludan. Todos van en silla de ruedas. Todos son jóvenes. Y todos, al menos los que Diego conoce por su nombre, están aquí por culpa de un siniestro sobre el asfalto. Hay otros, los que no saben quién es este joven melenudo que aparece en el hospital montado en su moto, que le miran mal. Diego interpreta que piensan que viene a fardar, a restregarles por la cara que él puede conducir y ellos no. "Pero la expresión de su cara cambia por completo cuando se enteran de que soy un lesionado medular. Me preguntan: 'Tío, ¿cómo lo has hecho?'". Y espera que su ejemplo les sirva para seguir adelante. "Muchos me agradecen que hable con ellos", concluye.
Fuente: El País, 20/08/07
Enlaces relacionados: Hospital Nacional de Parapléjicos

Winnie dijo
Felicidades Diego,eres todo un campeón,a mi también me encanta el mundo de las dos ruedas,en noviembre tuve un accidente con mi moto pero afortunadamente,todo quedó en el golpe y una buena factura del mecanico.
Ahora bien,mientras deslizaba tenía miedo a lo que me podía pasar,a depender de la gente,ahora veo que con ganas se puede salir de casi todo,lo que no quiere decir que vaya a ir haciendo el cabra,jeje.
Eres un ejemplo para los compañeros del hospital de Toledo,espero que animes a muchos a seguir adelante.
Que disfrutes de tu Hyosung (imagino que una Aquila 250,por la descripción).
V´sss desde Madrid.
Fuerza y honor.
20 Agosto 2007 | 03:15 PM