La Coctelera

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Un paso de gigante en la investigación del Alzheimer.

La colaboración de científicos de 11 países, la obtención de muestras de ADN de más de 30.000 personas y la utilización de métodos modernos de análisis genético han permitido que el estudio del Alzheimer entre en una nueva era. Se trata del hallazgo de tres nuevos genes asociados a esta demencia, que son los primeros que se identifican desde 1993.

Teniendo en cuenta que el 75% del riesgo de padecer la enfermedad tiene un componente genético, este avance puede ayudar a mejorar el diagnóstico y el tratamiento de la dolencia. Pero todo llegará a su debido tiempo; de momento sólo se puede hablar de promesas y del fin de un periodo de sequía de descubrimientos.

Hasta la fecha, el gen que codifica la apolipoproteína E (APOE) era el único cuya participación estaba confirmada. Ahora se acaban de sumar CLU, CR1 y PICALM. Los dos primeros están implicados en la formación de las placas características del trastorno neurodegenerativo en el cerebro de los individuos afectados, mientras que el tercero juega un papel en las conexiones entre las neuronas (sinapsis). Del correcto funcionamiento de estos procesos dependen funciones cerebrales tan importantes como la memoria, cuya pérdida sufren los enfermos de Alzheimer.

Los nuevos hallazgos aparecen en dos estudios publicados en la edición 'on line' de la revista 'Nature Genetics'. Uno de ellos ha contado con la participación de dos equipos españoles integrados en el Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned), pertenecientes al Hospital Marqués de Valdecilla de Santander y el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid. Nuestro país ha aportado muestras de ADN de 1.500 personas.

El objetivo que tienen en mente quienes llevan a cabo estas investigaciones es, en palabras de Onofre Combarros, del Servicio de Neurología del hospital cántabro y coautor del trabajo, "lograr herramientas similares a las que ya se han conseguido para el cáncer, como los microchips de ADN". Estos dispositivos servirán para analizar muestras de tejido de pacientes, o bien de personas sanas que quieran conocer su riesgo, con el fin de saber si son portadores de las variantes genéticas relacionadas con el Alzheimer y, en función del resultado, adoptar medidas terapéuticas o preventivas.

Medio millón de variantes genéticas

Este primer trabajo, liderado por científicos franceses, fue ejecutado en dos etapas. Se inició con el rastreo, por parte de investigadores del Instituto Pasteur de Lille, de más de medio millón de variantes genéticas en el genoma completo de más de 3.000 afectados de Alzheimer y de un número similar de individuos sin signos de la dolencia. La comparación de ambos grupos llevó a la identificación de dos genes alterados únicamente en las personas enfermas: CLU y CR1.

La segunda fase del estudio consistió en cotejar estos resultados en el ADN de casi 4.000 pacientes y en algo más de 3.000 sujetos sin el trastorno procedentes de nuestro país, Bélgica, Italia y Finlandia. Este análisis confirmó los resultados obtenidos a partir de las muestras galas.

El segundo estudio, encabezado por investigadores británicos, consiguió identificar, con el mismo método de asociación genómica, la presencia de variantes de CLU y PICALM en más de 16.000 personas. Animados por el éxito alcanzado, los científicos ya han puesto en marcha un proyecto que pretende alcanzar la cifra de 60.000.

Este tipo de iniciativas están permitiendo ampliar los horizontes de conocimiento en enfermedades tan complejas como el Alzheimer. El gen APOE está asociado a la dolencia de forma mucho más 'potente', lo que permitió localizarlo en estudios relativamente pequeños. Sin embargo, la vinculación de CLU, PICALM y CR1 es más 'débil' y, por lo tanto, se han precisado muestras mucho mayores de población afectada y sana para localizarlos.

Para ello ha sido clave la colaboración entre científicos de distintos países y, sobre todo, la disponibilidad de herramientas de análisis genético cada vez más rápidas y eficaces.

Fuente: Elmundo.es. 06/09/2009.

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Olfato para diagnosticar el Alzheimer

Diferentes investigaciones apuntan a la pérdida de olfato, conocida como anosmia, como un síntoma previo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. De hecho, se calcula que entre el 18% y el 20% de las anosmias no son causadas por un traumatismo, sino que son idiopáticas. La memoria y el olfato tienen zonas comunes en el cerebro; de este modo, como las enfermedades neurodegenerativas deterioran la memoria, también repercuten en la función olfatoria. Por este motivo, medir esta capacidad podría convertirse en un sistema de detección precoz para combatir estas enfermedades en sus primeros estadios.

El sistema de medición tradicional del olfato se basa en acercar al paciente un frasco con aromas; luego rellena un cuestionario estandarizado con las percepciones que ha tenido. Son pruebas subjetivas, porque es imposible regular la cantidad de aroma que se suministra y la distancia a la que se pone la sustancia aromática, afirma Susana Borromeo, profesora del Departamento de Tecnología Electrónica de la universidad Rey Juan Carlos (URJC). ¿No es posible mejorar la precisión de estas medidas? Es lo que ha hecho un grupo de investigadores de la URJC en colaboración con el Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN) y la Fundación Hospital de Alcorcón. Un equipo multidisciplinar de ingenieros, informáticos, neurólogos y otorrinos han desarrollado un olfatómetro compatible con la resonancia magnética funcional (RMF).

La resonancia magnética permite visualizar y medir la actividad cerebral en el mismo instante en que el paciente recibe los estímulos aromáticos. Pero hay un problema: como tantas veces hemos visto en series de médicos como House, no es posible introducir en los escáneres magnéticos ningún tipo de instrumento metálico so pena de dañar al paciente.

El nuevo olfatómetro solventa todos los problemas, dicen los científicos que lo han desarrollado. Por un lado, controla la selección, la secuenciación y la duración de los estímulos que se le proporciona al paciente, que recibe los aromas a través de una mascarilla. Y al estar sincronizado con la máquina de resonancia magnética, el aparato detecta de forma objetiva, mediante cambios en las imágenes cerebrales obtenidas por la resonancia, si existe o no reactividad cortical asociada; es decir, si el sujeto está percibiendo el olor que se le ha suministrado. Un ordenador controla la sincronización entre el olfatómetro y la resonancia.

Las primeras pruebas se realizaron con aromas de café y chocolate; en una segunda etapa, con limón, menta y lavanda. Próximamente, se utilizarán los ocho dispensadores de aroma del olfatómetro con café, vainilla, talco, chocolate, canela, naftalina, jabón y vicks vaporub, que serán los olores que incluirá en el test de olfato basado en el llamado test de Connecticut que está desarrollando Adolfo Toledano, del Servicio de Otorrinoralingología de la Fundación Hospital de Alcorcón.

Tras demostrar la viabilidad del equipo, aún queda un largo camino para convertir este instrumento en un sistema de valoración clínica precoz de enfermedades neurológicas y neurodegenerativas, asegura Borromeo. En septiembre comenzarán las pruebas con sujetos sanos para establecer mediante escáner los parámetros de normalidad de sensibilidad al aroma. Durante 2010 se comenzará a probar el olfatómetro en pacientes con anosmia y más adelante se espera tener a punto los primeros prototipos para su validación clínica. También estudian su empleo para medir la actividad cerebral a los aromas en electroencefalogramas. También les permite abrir un área de trabajo para evaluar de forma objetiva "los umbrales mínimos a partir de los cuales el aroma se hace consciente, las interrelaciones entre las áreas olfativas y otras áreas como las emocionales que se activan por la evocación que provocan los aromas", añade Borromeo. Este proyecto ha sido financiado por el Consorcio Olfactosense: Sensores olfativos de utilidad clínica e industrial, perteneciente al grupo de expertos en Instrumentación Biomédica de la Comunidad de Madrid.

Fuente: El País, 27/07/2009

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Nuevas técnicas avanzan hacia un diagnóstico precoz del alzhéimer

Actualmente se está investigando en más de un centenar de fármacos para el alzhéimer. La mayoría de ellos, destinados a frenar la progresión de la enfermedad. Muchos expertos coinciden en que, una vez aparecidos los síntomas, será difícil encontrar la manera de curarla teniendo en cuenta que aún está muy lejos la posibilidad de regenerar el cerebro con neuronas sanas. Así pues, si se prevé que los fármacos del futuro sirvan para frenar la enfermedad, resulta urgente desarrollar en paralelo técnicas de diagnóstico para detectarla cuanto antes, cuando aún no hay síntomas de demencia.

Hoy en día, el alzhéimer se diagnostica cuando los problemas de memoria ya son muy evidentes. En los países con unidades de demencia consolidadas y un alto nivel de sensibilidad social, sólo un 25% de los casos se diagnostican en una fase de deterioro leve (hacia los 60 años), indica José Luís Molinuevo, director de la Unidad de Alzhéimer del hospital Clínic de Barcelona, y uno de los ponentes del II simposio internacional sobre la Enfermedad de Alzhéimer celebrado en Barcelona. "El alzhéimer tiene tres fases, la no sintomática, en la que no se detecta; la prodrómica (o de deterioro cognitivo leve) que puede darse hasta cinco años antes de la aparición de la fase de demencia. En la fase prodrómica se dan pequeños olvidos, pero también pueden deberse a otras cosas, por eso necesitamos mejores herramientas", explica Molinuevo.

Una de las causas más claras de la enfermedad es la formación en el cerebro de depósitos de la proteína beta amiloide, que daña las neuronas. Uno de los instrumentos más prometedores para el diagnóstico precoz, aún en fase experimental, es el Pittsburg Compound B (PIB), un compuesto fluorescente que se inyecta en sangre y que permite ver estos depósitos en el cerebro mediante la técnica de neuroimagen PET. El objetivo final de estas investigaciones consiste en medir estos depósitos desde edades tempranas.

Hasta ahora, la presencia de estas placas sólo se podía observar claramente tras la muerte del individuo. De hecho, en diferentes estudios basados en autopsias a ancianos sanos y enfermos se ha podido ver que hay personas que mueren con abundantes depósitos y sin síntomas. Algunas teorías lo atribuyen a la reserva cognitiva, es decir, a que una vida intelectual activa les ha dotado de una plasticidad neuronal que hace que su cerebro deteriorado sea capaz de utilizar vías neuronales alternativas.

En España, el hospital de Sant Pau de Barcelona ha solicitado ya permiso al Ministerio de Sanidad para iniciar un estudio propio con la técnica PIB, en el que participarían unos 20 individuos. Según explica Rafael Blesa, director del Servicio de Neurología del centro, la autorización podría llegar en breve.

También se investiga en biomarcadores para detectar la enfermedad cuando el deterioro cognitivo empieza a asomar, y distinguir si los primeros olvidos que conlleva la edad se deben al alzhéimer, a alguna otra enfermedad o al mismo envejecimiento. En el Clínic, Molinuevo investiga para analizar en el líquido cefaloreaquídeo, tomado de la columna vertebral, la presencia de la proteína TAU, que forma los ovillos neurofibrilares, también presentes en la enfermedad.

Fuente: El País, 07/07/2009
Enlaces de interés:
Portal Mayores. Especial Alzheimer

salud alzheimer

Un estudio sugiere que la cafeína puede combatir el Alzheimer

Los amantes del café pueden tener una nueva excusa para tomarse una taza extra: una dosis de cafeína equivalente a cinco tazas diarias de café logró que ratones con síntomas de Alzheimer recuperaran la memoria, en un experimento llevado a cabo en Florida (EEUU).

La cafeína redujo de forma significativa los niveles anormales de proteína Beta-amiloide -uno de los principales responsables del Alzheimer- en el cerebro y la sangre de los ratones, según científicos de la Universidad de South Florida que publican los resultados de su estudio en la versión digital del Journal of Alzheimer's Disease.

"Este es uno de los experimentos más prometedores sobre Alzheimer en ratones hasta la fecha", señaló Huntington Potter, director del Centro de Investigación del mal de Alzheimer de Florida (ADRC).

Según el autor principal del estudio, el neurocientífico Gary Arendash, del ADRC, "el hallazgo es una evidencia de que la cafeína puede ser un tratamiento viable para la enfermedad de Alzheimer y no simplemente una estrategia protectora".

El equipo ya ha podido comprobar que una única dosis de cafeína reduce en las personas los niveles de Beta-amiloide en la sangre, pero sería necesario un estudio más a largo plazo -seis meses como mínimo- para evaluar si mejora la memoria en pacientes con Alzheimer, explicó Arendash a Efe.

El Beta-amiloide es el principal componente de las placas seniles en el tejido cerebral y se cree que es el gran responsable de la enfermedad de Alzheimer, que afecta en alguna medida a casi la mitad de las personas de más de 85 años.

Arendash y sus colegas se interesaron por el potencial de la cafeína hace varios años, cuando un estudio portugués reveló que personas afectadas de Alzheimer habían consumido menos cafeína en los últimos 20 años que otras que no sufrían el mal neurodegenerativo.

Desde entonces, varios estudios clínicos han indicado que un consumo moderado de cafeína puede proteger al cerebro de la pérdida de memoria durante un proceso normal de envejecimiento.

Pero el experimento controlado sobre ratones con Alzheimer ha permitido a los investigadores comprobar los efectos de la cafeína sobre la memoria al margen de otros factores como la dieta y el ejercicio, señaló Arendash.

En el estudio fueron utilizados 55 ratones alterados genéticamente para desarrollar en la vejez problemas de memoria como los causados por el Alzheimer, a la mitad de los cuales les fue suministrado durante dos meses 1,5 miligramos de cafeína diarios -el equivalente a 500 miligramos para un ser humano-.

Los cerebros de los ratones que tomaron cafeína experimentaron una reducción de cerca del 50% en los niveles de Beta-amiloide, la sustancia que forma las placas pegajosas características de la enfermedad de Alzheimer.

Según Arendash, se cree que hay mayores esperanzas de combatir el Alzheimer si se trata en una fase temprana, por lo que la cafeína debería administrarse como muy tarde en la mediana edad, entre los 40 y 50 años de edad.

"Sin embargo, con una sustancia terapéutica como la cafeína, que afecta directamente al proceso de la enfermedad de Alzheimer, siempre existen esperanzas de mejoras en cualquier estadio del mal", señaló.

El científico dijo a Efe que no dudaría en recomendar a las personas que no sufren hipertensión y que no están embarazadas una dosis diaria de 500 miligramos de cafeína, preferiblemente en forma de café o pastillas.

Esa dosis equivale a cinco tazas de café americano, dos de café concentrado, 14 tazas de té o 20 refrescos con cafeína.

Fuente: Público.es 06/07/09

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Regala memoria

Campaña de AFAL de sensibilización sobre el alzheimer.

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Alzheimer, cuando el cerebro se ensucia

La acumulación de una proteína en el cerebro, la beta-amiloide, es la responsable de la enfermedad de Alzheimer. Este órgano, sin embargo, posee mecanismos para eliminarla. Estos 'recoge basura' son dos, pero trabajan a distintos ritmos. Un equipo de científicos ha descubierto cómo el principal factor de riesgo de esta demencia, el gen apoE4, contribuye a que ésta se desarrolle. En lugar de optar por el 'recoge basura' más eficiente, apoE4 hace que se encargue de la limpieza de la beta-amiloide el más lento, haciendo que el cerebro se ensucie rápidamente. Portar la variante apoE4 del gen que codifica para la apolipoproteína E (que interviene en el metabolismo de ciertos lípidos) es un factor de riesgo demostrado para el Alzheimer, la forma de demencia más común entre las personas mayores, que afecta en España a unas 700.000 personas. Pero hasta ahora se desconocían los mecanismos exactos por los que este gen desencadenaba la enfermedad.

Los autores de este trabajo, liderados por Rashid Deane, investigador de la Universidad de Rochester (EEUU) y uno de los líderes en el campo del Alzheimer durante los últimos 15 años, tomaron como punto de partida el hecho evidente de que si la acumulación de beta-amiloide causa el Alzheimer y ApoE4 es un factor de riesgo, este gen, de alguna forma, debe interferir en el metabolismo de la proteína.

Así que se pusieron manos a la obra para estudiar cómo el cerebro expulsa la beta-amiloide a través de la barrera hematoencefálica (la frontera entre el torrente sanguíneo y el encéfalo, que controla el paso de sustancias). Descubrieron que allí existen dos moléculas encargadas de transportar estas proteínas hasta la circulación sanguínea, desde donde se elimina fácilmente.

"Sabíamos que el cerebro usa una molécula llamada LRP1, que es extremadamente eficiente y funciona como un ferry rápido que elimina beta-amiloide. Ahora hemos visto que existe otra, que trabaja mucho más despacio", explica Rashid Deane, especialista en neurocirugía.

Un sistema de limpieza demasiado lento

El 'recoge basura' descubierto por Rashid y su equipo se llama VLDLR, que es 20 veces más lento que LRP1 y tiene una particularidad. Se convierte en el principal excretor de beta-amiloide en presencia de apoE4. Es decir, el cerebro de las personas que poseen esta variante genética, en lugar de utilizar el sistema de limpieza rápido, emplean el lento, de forma que la 'basura' se va acumulando hasta que se forman las placas que caracterizan el mal de Alzheimer.

"Es como si pudieras elegir entre un ferry rápido y uno lento. Por razones que aún desconocemos, cuando apoE4 está implicado, el ferry lento se utiliza de forma casi exclusiva. Esto quiere decir que beta-amiloide no se elimina todo lo rápido que se podría, brindando así la oportunidad de que se acumule tal y como podemos observar en el cerebro de las personas que sufren esta enfermedad", continúa Deane.

Al comparar esta situación con el cerebro de ratones que poseían las dos variantes restantes del gen APOE (apoE2 y apoE3), Deane y sus colaboradores comprobaron que la tasa de eliminación de beta-amiloide es de dos a tres veces más rápida que con apoE4, principalmente porque utilizan LRP1 para sacar la proteína del encéfalo.

"Este último hallazgo ayuda a explicar uno de los mayores factores de riesgo del Alzheimer", señala Brislav Zlokovic, otro de los autores del estudio, publicado en la revista 'Journal of Clinical Investigation'. "ApoE4 cambia la habilidad del cerebro para deshacerse de beta-amiloide. Cada vez está más claro que esta capacidad de eliminar esta proteína a través del torrente sanguíneo es crucial en el desarrollo de esta enfermedad", concluye.

Fuente: El Mundo.es. 17/11/08.

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Sanidad financiará el primer tratamiento transdérmico para pacientes con Alzheimer

El Ministerio de Sanidad ha aprobado la financiación del primer tratamiento transdérmico para el control de los síntomas de la demencia tipo Alzheimer en su fase leve o en situaciones de gravedad moderada. Este tratamiento (rivastigmina) es únicamente de diagnóstico hospitalario y se trata de una nueva forma farmacéutica, pues hasta la fecha, sólo existía por administración oral. Precisamente, esta es una de las grandes ventajas que aportan los parches, pues aumenta la utilidad del tratamiento al ser de más fácil aplicación en poblaciones especiales como son algunos enfermos de Alzheimer.

Por otra parte, según ha anunciado el ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, se publicará una Guía de Práctica Clínica con el objetivo de mejorar la atención sanitaria de esta dolencia en nuestro país.

La financiación del nuevo tratamiento contra el Alzheimer y la redacción de la Guía de Práctica Clínica son algunas de las acciones puestas en marcha por el Ministerio de Sanidad y Consumo en relación con esta patología. También se han desarrollado proyectos de investigación, ensayos clínicos, medidas legislativas, como la Ley de Dependencia. Además, se han aprobado los beneficios fiscales para la celebración en 2011 del Año Internacional para la Investigación en Alzheimer y enfermedades neurodegenerativas.

Más riesgo de depresión entre los cuidadores

El 60% de los cuidadores de enfermos de Alzheimer u otras demencias similares corre el riesgo de padecer una depresión clínica, frente al 15% entre la población no cuidadora, según una investigación de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid editada por Obra Social Caja Madrid.

En este informe se pone de manifiesto que más de la mitad de las personas encargadas de cuidar a enfermos con demencia presenta una sintomatología psiquiátrica. De hecho, aproximadamente el 60% de los familiares que atienden a estos pacientes ve afectada su vida laboral y más del 80%, su vida familiar y social. El 55%, también su salud.

Estos sujetos tienen un 10% más de posibilidades de enfermar, en comparación con los que no tienen que cuidar a familiares con Alzheimer. Además, presentan un 23% más de estrés y un mayor riesgo de infecciones, ya que generan un 15% menos de anticuerpos, según señala el trabajo.

El perfil del cuidador es el de una mujer (en el 84% de los casos), hija de la persona dependiente a su cuidado (57%), con una edad media de 58 años y que dedica más de 12 horas diarias a esta actividad. Además, lleva más de 54 meses realizando este cuidado.

Elmundo. 03/11/08

salud rehabilitación alzheimer

'El origen del Alzheimer es una acumulación de basura en el cerebro'


El fármaco se llama Rember y no llegará a las farmacias al menos hasta 2012 pero este verano ha desatado una oleada de expectación. Básicamente porque consigue lo que ningún medicamento ha logrado hasta ahora en la lucha contra el Alzheimer: detener el deterioro psíquico de los pacientes y lograr que algunos recobren habilidades que habían perdido. Detrás de Rember está un equipo de 70 científicos dirigido por Claude Wischik, que ejerce como profesor en la Universidad de Aberdeen. Hasta ahora se ha probado con éxito en 321 pacientes y todo está listo para iniciar en 2009 la última fase de experimentos.

Pregunta.- Explíqueme en cristiano qué sucede en un cerebro afectado por la enfermedad de Alzheimer

Respuesta.- Lo primero que hay que explicar es que nuestro cerebro está hecho de conexiones de neuronas. Estas conexiones se hacen por medio de una especie de tuberías. Dentro de ellas es donde se desarrolla la proteína TAU, cuyo papel es hacer que la conexión sea eficiente. Son como las traviesas de las vías. Ayudan a que los trenes de información circulen rápido.

P.- Hasta aquí el funcionamiento de un cerebro sano. ¿Pero qué ocurre en el caso de los pacientes de Alzheimer?

R.- Lo que ocurre es que esas traviesas empiezan a reproducirse sin control. Dejan de responder a las necesidades del cerebro y entran en un proceso de crecimiento ilimitado. Siguiendo con la metáfora, es como si las traviesas empezaran a amontonarse sobre las vías formando una especie de ovillo que entorpece el tráfico. Es un proceso que hasta ahora nadie ha logrado detener y que va maniatando y matando las neuronas sin que el propio organismo logre frenarlo. La metáfora que suelo utilizar aquí es la de la guía de teléfono. Es muy fácil romper una de sus páginas, pero muy difícil romper la guía completa. Las enzimas pueden digerir una molécula de TAU pero no el ovillo entero.

P.- ¿Tiene usted idea sobre cómo se inicia el proceso?

R.- Por una parte, es un efecto secundario del envejecimiento. Nuestras neuronas están con nosotros hasta que nos morimos. Para funcionar necesitan energía y la sacan de unos dispositivos llamados mitocondrias que deben reemplazar cada seis meses. A medida que se hacen viejas, este proceso deja de funcionar y en mi opinión ésa es la chispa que genera el crecimiento exacerbado de la proteína TAU.

P.- O sea, que la enfermedad nace dentro de la neurona.

R.- Sí. En el fondo el origen es una acumulación de basura. Es un poco lo que ocurre con la gente mayor. A los ancianos les cuesta mucho limpiar sus casas. Hay rinconces que dejan de visitar. Se van quedando sin energía para limpiar. Las neuronas viejas actúan de la misma manera. Hay un momento en que no pueden limpiar la basura de la mitocondria y eso es la chispa para otra cosa. En algunas personas, en otras no.

P.- ¿Por qué en unas sí y en otras no? ¿Hay factores genéticos?

R.- Los hay pero son muy complicados. Hasta más de 80 genes vinculados con la enfermedad de Alzheimer. No creo que la genética pueda resolver el problema.

P.- ¿Se puede decir que hemos alcanzado una esperanza de vida para la que nuestro cerebro no está preparado?

R.- Es posible. La gente puede vivir cada vez más años. En 2050 habrá más de 1.000 millones de personas de más de 65. Muchas de ellas desarrollarán los ovillos de proteína TAU que causan la enfermedad de Alzheimer. Por eso necesitamos medicinas que permitan a la gente vivir mejor una vida que hoy, gracias a la higiene y a la comida, es mucho más larga que hace 200 años.

P.- Su medicamento �Rember- está aún en fase de experimentación y no se pondrá a la venta al menos hasta 2012. ¿Hasta qué punto es eficaz contra la enfermedad?

R.- Nosotros hicimos el último estudio en 321 pacientes y durante 19 meses. En ese tiempo, en los pacientes que tomaron Rember apenas se produjo declive psíquico. Fue un 91% menor que el de aquellos pacientes a los que se les suministró una medicina inocua.

P.- Hay quien les ha acusado de dar falsas esperanzas a los pacientes.

R.- No estoy de acuerdo. Rember es mejor que cualquier otra cosa que se haya hecho nunca. Y es sólo la primera generación de una familia de fármacos que estoy seguro de que terminarán con la enfermedad de Alzheimer.

P.- ¿Pero podrán esos nuevos fármacos no sólo detener sino hacer correr hacia atrás el reloj de la enfermedad?

R.- En ratones fuimos capaces de hacerlo. Y estoy seguro de que en seres humanos también podemos hacerlo, pero necesitamos aquilatar la dosis. Estamos trabajando ya en la segunda y en la tercera versión de Rember, que podrían estar quizá en el mercado en 2014 y 2018.

P.- ¿Hasta qué punto son reales esos plazos?

R.- Lo son. No estamos trabajando sólo en la primera generación de Rember sino también en la segunda y en la tercera. Necesitamos más recursos y más investigadores pero en mi opinión entre 2016 y 2018 el Alzheimer será sólo una pesadilla y habrá acabado.

P.- ¿Ofrece esperanzas Rember para las personas que rondan ahora los 60 años y a las que acaban de diagnosticarles la enfermedad?

R.- Por supuesto. Hay historias hermosas en el último estudio. Personas que de repente han vuelto a utilizar el transporte público o el ordenador de nuevo. Hay otra que había dejado de hablar de política y que empezó a discutir con su hijo sobre las primarias demócratas y Hillary y Obama. Son cosas sencillas pero que suponen un mundo en la vida de las familias, que no quieren que los pacientes hagan maravillas sino que los pacientes vuelvan a ser lo que fueron como personas.

P.- Pero siempre se nos ha dicho que un enfermo de Alzheimer sólo puede ir a peor...

R.- Eso no es cierto siempre. O, mejor dicho, sólo será cierto en aquellos pacientes que se hallen en los últimos estadios de la enfermedad. Son etapas en las que el deterioro es irreversible porque los ovillos han matado ya demasiadas neuronas.

Fuente: El Mundo. 21/09/2008